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Se acabaron las recetas fáciles: para poder darle pelea a las malezas es necesario promover un cambio cultural_10.09.2015

“Los modelos simples basados en la aplicación de glifosato, siembra directa y agricultura en campos arrendados nos llevaron al problema de malezas que tenemos en la actualidad. Difícilmente podamos resolver esos problemas si no reformulamos el modelo”.

Así lo indicó hoy Juan Carlos Papa, integrante del Grupo de Trabajo Protección Vegetal del INTA Oliveros, durante una conferencia ofrecida en el I Congreso Argentino de Malezas que se está realizando en la ciudad de Buenos Aires.

Papa mencionó el caso del Pasto Borla (Chloris virgata), una maleza que en los últimos años se está extendiendo en buena parte de la zona núcleo pampeana. “Muchos desconocen a esta maleza y recién se dan cuenta de que no se puede controlar con glifosato cuando observan los plumerillos característicos de esta planta por encima de los cultivos; algunos la suelen confundir con Echinochloa colona”, apuntó Papa. “He visto lotes de soja que no se pudieron cosechar por causa de Chloris virgata”, añadió.

“Se perdió la cultura del uso de herbicidas residuales porque nos acostumbramos a realizar aplicaciones sólo a lo que puede verse. Pero el uso de residuales implica un cambio cultural, porque requiere controlar algo que no puede verse”, sostuvo el investigador del INTA Oliveros. “Si pensamos que el problema que tenemos lo vamos a manejar solamente con herbicidas postemergentes, los resultados que vamos a lograr son de pobres para abajo”, advirtió.

Diego Ustarroz, investigador del INTA Manfredi, alertó que en la provincia de Córdoba se detectó presencia de sorgo de Alepo con resistencia múltiple a glifosato y haloxifop R-metil. “Nos queda el cletodim para controlarlo, pero no sabemos por cuánto tiempo más”, indicó. “Tenemos que generar ambientes que sean más competitivos para las malezas, porque hoy estamos haciendo todo lo contrario al trabajar con barbechos larguísimos”, argumentó.

La única manera de contener el crecimiento de malezas resistentes a herbicidas es que los investigadores, profesionales y empresarios agrícolas trabajen en red para realizar un manejo integrado de metodologías de control.

“El manejo integrado de malezas es frecuentemente propuesto como concepto dominante. Sin embargo, al menos en el contexto de la agricultura argentina, son pocas las ocasiones en que ese concepto ha sido llevado a la práctica para proponer soluciones efectivas”, indicó Emilio Satorre, titular de la Cátedra de Cereales de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) e integrante de la Unidad de Investigación y Desarrollo de Aacrea.

Satorre mencionó el caso de Gomphrena perennis, una maleza de difícil manejo en algunas zonas productivas del norte argentino, que fue favorecida por el empobrecimiento de los suelos y la falta de rotaciones adecuadas, entre otros factores. “Sin embargo, eliminar o reducir las tensiones que imponen esas fuerzas fue rara vez incorporado como parte efectiva del manejo integrado de malezas”, explicó.

“El trabajo en red echa luz a nuevas soluciones y arraiga nuevos conceptos que permiten entender que la lucha contra las malezas no es un objetivo, sino un proceso. Como tal debería acompañar la dinámica de nuestros sistemas productivos mientras generamos el conocimiento necesario para lograr predicciones confiables y soluciones efectivas, duraderas y eficientes al enmalezamiento de las principales regiones agrícolas extensivas”, recomendó Satorre.

El I Congreso Argentino de Malezas, organizado por la Asociación Latinoamericana de Malezas (ALAM) y la Asociación Argentina de Ciencia de las Malezas (ASACIM), es también el XXII Congreso Latinoamericano de Malezas.

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